jueves, 23 de enero de 2014

1# Cartas sin dueño - La moraleja de la vida

Aquí me encuentro de nuevo, en otra de mis largas noches de insomnio, tal vez sea causa del exceso de cafeína que fluye por mi sangre, pero que esperar de un adicto a cafés fríos y aguados, o tal vez este desvelo se deba a que mi demente cabeza a comenzado a funcionar otra vez del revés y se despierta cuando le tocaría estar durmiendo.

Observo el reloj que tengo apoyado en una de las estanterías, lleva cerca de un año marcando la misma hora, las seis horas, cuarenta y dos minutos y cuarenta y cinco segundos de la tarde, seguramente de algún día frío y lluvioso que se esfumo con el último portazo que dio el invierno antes de marcharse.

Es curioso, pero no hace mucho a mi me paso lo mismo, parte de mi tiempo se detuvo cuando vi marchar por última vez a una persona que en un pasado fue única para mi, suena interesante como en un momento dado tienes que aprender a vivir sin nada de lo que tenias hace un par de meses atrás, y como todo lo que te transmitía una extraña sensación parecida al cariño de repente se transforma en todo lo contrario, en algo tan nocivo y dañino como el humo que te echan a la cara cuando vas deambulando por esta frívola ciudad sin ningún lugar en mente, dejándote llevar por la barahúnda de tus pensamientos.

Al fin y a cabo sera otro capitulo más del cual extraes una enseñanza, como en las fabulas que nos leían de pequeño, donde al final del cuento se hallaba una moraleja que nos hacia aprender una nueva lección de moralidad y que olvidábamos al cabo de cinco minutos debido a nuestras prematuras y tiernas mentes. La única diferencia es que ahora ya no soy aquella inocente criatura que vivía entre fantasías y cuentos, y se que al final de esta historia no encontrare ninguna moraleja que me haga sentir mejor, ya que lo único que queda son los restos quebradizos de las memorias que un día vivimos y tu tacto desgarrándome la piel y firmando con mi sangre la ultima hoja de nuestro testimonio.

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